Sobre Cómo Leer a Liubliana, de Eduardo Sánchez Rugeles

Con la novelística de Eduardo Sánchez Rugeles ha cundido un error: un afán de leerlo según vayan saliendo sus libros. Es un error que debemos enderezar, y encausar hacia su correcta lectura. Las obras de Sánchez Rugeles no comprenden una trilogía y una coda (la trilogía que propone la edición continua de su obra sería: Blue Label/Etiqueta Azul-Transilvania Unplugged-Liubliana, y la coda sería Los desterrados). Los libros de Eduardo, aunque recorren la desesperanza, los afanes y dolores del destierro, la distopía venezolana, no son un corpus único. Propongo sin vergüenzas empezar a leer a Eduardo con Los desterrados y continuar con Transilvania. Llevan una línea sarcástica idónea. Se alimentan de los libros de Volpi y de Ciorán, de algunas obras de Fuentes (su camino inglés, como señaló hace años Octavio Paz, no el épico), entre otros. Son obras que se insertan incluso en un registro narrativo semejante al de Edmundo Paz Soldán, Alberto Fuguet, Rodrigo Fresán. Son obras de un latinoamericano en el exilio, y que ve estas vivencias con una profunda ironía, desde el humor negro, con los golpes del desparpajo, lo bufonesco, lo grotesco y lo policial. Son obras de un Poe que combina marihuana con ácido.

Es otro el camino que comprenden Blue Label/Etiqueta Azul y Liubliana. En declaraciones públicas del mismo autor, estas obras se suceden una detrás de la otra. Llevan el mismo ánimo. Son un díptico. No hay trilogía en la obra de Sánchez Rugeles, hay un par de obras que se complementan: en una, una generación, en la siguiente, otra. Me atrevería incluso a ser más aguafiestas en las pretensiones editoriales: Liubliana debe leerse primero, y luego Blue Label. Hemos estado errados. Quizá ha llegado el momento de enmendar ese error.

Como en Kafka en sus precursores, donde Borges señala cómo será leído un autor dentro de una tradición, este par de obras de Eduardo llevan un camino: Joseph Roth y el primer Philip Roth, Vasili Grossman, Mijail Bulgákov, Michel Houellebecq, David Foster Wallace, Roberto Bolaño, Chuck Palahniuk. Un autor no es solo los autores que lee y sus influencias, es también el orden narrativo del que participa y del orden espiritual (en los términos de Válery) del que participa. Estas dos obras de Sánchez Rugeles son de estos talantes.

Es en estas obras en donde también podemos leer a Massiani, a la juventud desesperada como protagonista, al lugar universal del que no encuentra un lugar sino en los recuerdos de la infancia y la adolescencia, recuerdos llenos de dolor y nostalgia, de melancolía dura y sexo duro, del olvido y del saber que las patrias solo existen en las enciclopedias. Blue Label/Etiqueta Azul es desgarradora y trágica y Liubliana también. Una tragedia que inspira piedad ante dos generaciones que nunca supieron donde se encontraba eso que llamaban el futuro. Los finales de ambas obras se hacen guiños de complicidad, se penetran, se arman desde unas estructuras que podrían hacerse una sola. En ambos libros tenemos a Piedra de Mar y a Rayuela, a El último tango en París, a Crash.

Son dos obras construidas a partir de la música, de una banda sonora que las hace entrañables. Eso. Son obras entrañables que a partir de un momento no te dejan soltarlas. Te invitan a llorar como idiota en sus finales; a emborracharte escuchando música de tu adolescencia. A llamar a los panas que tienen años sin ver. A buscar fotos viejas. A bañarte en la mierda de la nostalgia, que no cura nada y que nada fortifica.

Invito a leer Liubliana con una botella a la mano, y un Ipod lleno de una antología musical. Sabina debe estar. También Calamaro. Y Dylan. Y muchas ganas de leer una historia inolvidable. Siga con Blue Label/Etiqueta Azul. Si usted ha crecido en Caracas, si tiene gente fuera del país o vive fuera del país, ya su manera de entender las cosas no será la misma. Habrá encontrado los libros de su tiempo. Habrá encontrado, al fin, con propiedad, un interlocutor.

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