La Soledad de los Números Primos

“La gente no perdía tiempo, se aferraba a unas pocas casualidades y fundaba sobre ellas su existencia” aquí se resume el momento de duda no resuelta que caracteriza la vida en común de Mattias y Alice. Una historia de soledades, matizada de amor, que nunca termina de cruzarse. Esa constante que le da voz a “La soledad de los números primos” y que permite a Paolo Giordano invitarnos a entrar al complejo mundo de silencios, de historias infantiles que marcan para siempre, de rasgos psicológicos de unos personajes que a través de su historia retratan momentos de nuestras propias vidas.

No se detiene a contarnos la historia de amor que a pesar de sus complejidades siempre logra capitalizar a su favor un final feliz. Confieso que en varias ocasiones estuve tentada a sellar la felicidad de estos dos seres, a desear febrilmente que rubricaran el pacto que los mantuviera juntos para siempre y felices. Al fin y al cabo sus historias tenían un montón de coincidencias. Y en la vida real uno termina buscando ese espacio de compartir con quien se ama, las historias y los gustos que sólo puede entender ese demente, tan demente como yo.

En la metáfora matemática de los números primos se esconde la historia de dos seres que se saben imposibilitados de pronunciar la palabra o el gesto que borre al número par que los separa. La vocación que han desarrollado por estar solos se impone, y conserva entre ellos la eterna sensación de estar juntos, pero sin tocarse. Hay entre ellos un tácito acuerdo de conservar momentos, flashes de momentos mágicos, sin la intención de eternizarlos. Porque la orfandad se les impone como un vicio que no quiere abandonarse.

Y aunque Paolo Giordano no viene a contarnos una historia fácil, sin embargo, fácilmente muchos reconocemos a una Alice o a un Mattias en nuestras historias de amor. Con melancolía o sin ella, seguro contamos con alguien a quien no dejamos de presentir, porque estamos “unidos por un hilo invisible, oculto entre mil cosas de poca importancia, que sólo podía existir entre dos personas como ellos: dos soledades que se reconocían”.

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